skultura

Monday, June 27, 2005

Frente a la explotación sexual

La industria del sexo constituye uno de los negocios más lucrativo del mundo. Tal negocio tiene por objeto poner a disposición de la población masculina un ejército cada vez más numeroso y variado de mujeres para que sean consumidas sexualmente. Abastecer y satisfacer tan creciente demanda ha favorecido el desarrollo de mafias trasnacionales, nacionales y regionales y el tráfico de mujeres con fines de explotación sexual. En torno a 4 millones de mujeres y niñas son consumidas sexualmente en los prostíbulos del mundo.

Desde el año 1995, tras la despenalización de diversas conductas favorecedoras de la prostitución, España pasó de ser un lugar de transito para las mujeres en situación de prostitución para convertirse en un País de destino. En efecto, los informes de la Guardia Civil de los últimos años, ratifican el progresivo crecimiento de los prostíbulos e igualmente el número cada vez más creciente de mujeres prostituidas, mientras en el año 1999, en los Clubes de carretera se estimaba que habían unas 9.590 mujeres prostituidas los recuentos actuales elevan el número a más de 19 mil mujeres. El 98% de ellas son inmigrantes.

Dichos Informes apuntan que aunque “algunas mujeres dicen dedicarse a la prostitución voluntariamente, se observa que la mayoría lo han hecho empujadas por dificultades económicas en sus países de origen”. Los Informes puntualizan que también existen mujeres captadas bajo engaño.

Frente a esta situación que de un lado favorece el florecimiento de las mafias y el enriquecimiento de los proxenetas y de otro la explotación, degradación, esclavitud, tortura y en demasiadas ocasiones, a la muerte de las mujeres prostituidas, los países desarrollados se han planteado dos opciones:

La regularización del comercio sexual, tal es el caso de Alemania y Holanda que lo equiparan a cualquier otra actividad laboral.

O la erradicación del comercio sexual, como es el caso de Suecia. Dando protección a las prostituidas y penalizando a proxenetas y clientes.

La experiencia en los pocos años de funcionamiento de estas normas nos indica claramente que mientras en Holanda y Alemania la industria del sexo crece y se expande, al tiempo que las diferentes modalidades de delincuencia proliferan en su entorno, en Suecia la práctica de comprar servicios sexuales ha disminuido espectacularmente y las cotas de igualdad entre hombres y mujeres son las mas altas del mundo.

La opción pro-reglamentación de la prostitución que se parece promover desde CCOO, constituye una iniciativa que consolida los modelos de desigualdad entre hombres y mujeres, y una propuesta contraria a los derechos humanos inalienables de las mujeres.


El Informe del Consejo Económico y Social de Naciones Unidas, contra las formas contemporáneas de esclavitud, alerta sobre la Preocupación, del Comité, porque algunos Estados han legalizado o reglamentado la prostitución. Advierte de que la legalización de la prostitución agrava la explotación sexual y aumenta la trata de mujeres y niños, y

Ratifican que la prostitución nunca puede considerarse un trabajo legítimo.

Por lo que Instan a los Gobiernos a que velen por que sus políticas y leyes no legitimen la prostitución como una opción de trabajo de las víctimas y a que no fomenten la legalización ni la reglamentación de la prostitución; y Exhorta a los Gobiernos a que rechacen toda forma de reglamentación de la prostitución en prostíbulos.

Estos criterios de actuación son los únicos aceptables, compatibles y encaminados a la consolidación y desarrollo de los derechos humanos y de la igualdad entre hombres y mujeres.

La reglamentación de la prostitución sólo favorece la expansión del proxenetismo y la consideración de los proxenetas como empresarios, al tiempo que se da cobertura legal para que las organizaciones mafiosas desarrollen su actividad con mayor impunidad.

A nivel ideológico la reglamentación de la prostitución equivale a defender un modelo de sociedad en donde unos seres humanos, mayoritariamente mujeres y menores, tienen que soportar a cambio de dinero ser manoseadas, folladas y humilladas por un número variado de desconocidos cada día aún suponiendo que fueran las prostitutas las que realmente se lucraran con ese comercio.

La reglamentación de la prostitución equivale a desarrollar una cultura que atribuye un status de poder a quien paga y una posición de sumisión para quién cobra.

La reglamentación de la prostitución educa a nuestros jóvenes en la idea de que la sexualidad es un mero objeto de consumo que se compra y adquiere como el resto de las mercancías.

No imaginamos a ese Sindicato sugiriendo a los pescadores, a los trabajadores de los astilleros, de la minería, de la construcción ni de ninguno otro sector, que una buena salida a su situación de paro sea el prostituirse ya sea bajo la modalidad de por cuenta propia o ajena, ya sea en centros autogestionados por ellos o creados por la patronal.

Tal atrevimiento sólo es posible porque la mayoría de las personas en situación de prostitución son mujeres.

La prostitución no es un trabajo, ni una actividad como otra cualquiera.

Regular la prostitución es legitimar la violencia contra las mujeres.